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#1En pos de El Paso Empty En pos de El Paso el Mar Abr 24, 2018 6:49 pm

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Faye Valentine

Faye Valentine
Este es un proyecto que llevo rondando en mi cabeza mucho tiempo. No es un proyecto para el RPG Maker, lo llamo así porque es un intento de relatar una historia, de armarla y completarla. Empecé intentado hacerlo novela, pero terminé decantándome por hacerlo una serie de poemas y relatos / relatos cortos que logre contar la historia que quiero. He servido a este poema de un corto preámbulo - tan solo una hoja - que intente explicar gran parte del trasfondo, de la manera más reducida pero suficiente posible. Así, espero sea de vuestro agrado.




 
Preámbulo

Un hombre discurre en una versión alternativa de nuestro mundo, donde todo terminó mal. Nacido trecientos años después del día en que todo como se conocía cambió, Zvan Galic es uno de los otros tantos hombres que conforman uno de los últimos bastiones de la humanidad, junto a su padre y su abuelo. Habiendo ninguna posibilidad para revertir el daño, y con la muerte tocando sus talones, su abuelo descubre milagrosamente un plano que indica la posible existencia de un ‘portal’ que podría llevarles a otro lugar, salvaguardado de la hecatombe en la que se sumió el planeta. Embuidos en tan frágil esperanza, se separa un grupo - Zvan incluido-  en pos de El Paso, el mítico puente entre una realidad y otra. Es cuando se bautizan como ‘Cazadores’, y renacen como ‘pistoleros’.  
 

La fe, sin embargo, empieza a sucumbir ante la adversidad cuando poco a poco su grupo es mermado hasta sobrevivir únicamente Zvan y su padre. Son entonces nómadas en un mundo austero e inhóspito, como tóxico y lleno de peligros. Impulsados sólo por una romántica consigna –Hallaréis El Paso-, se enfrentan a la certidumbre de un fatídico final, incluso si por haberlo intentado. Habiendo superado a Dunn, escapando de sus insondables confines, recorren lo que quedó del mundo sin trazo ni guía. Desconocido para ellos, un antiguo y enigmático ser, ya familiar tanto para su padre como para él, los ha seguido todo aquel tiempo. Capaz de desvanecerse y aparecer en cualquier lugar, esta amenaza los persigue y termina por dar fin a la vida de su padre en un azaroso encuentro, mientras que la suya es perdonada.
 

Así, el pistolero divaga sin nada más que su pistola, la de su padre, y una enfermedad llamada convicción… 
 

Siempre en pos de El Paso.


I
Todos los destinos para mí eran inciertos
Los que giraban en torno a mi cabeza
Hasta que su dedo hubo indicado el rumbo
Que las mil voces aclamaban
Aprendí de inmediato su llamada
Aunque resultara una locura
II
Pero fui testigo
De ése aciago momento
Donde sumergido en un único océano negro
Nadé contra la corriente
Y arrastrado violentamente
Se torció el norte mío
III
Escuché aquellas mil voces
Con su suave canto constante
Y raudo comprendí al instante
Que gritaban vieja consigna
De Cazadores en aquella montaña de montañas
Y de los pistoleros
IV
Discurrieron tantos años, pues
Las direcciones se volvieron vacuas
Era un alma errante
Que nunca alcanzó nada
¡Qué pena la mía!
Pensé en una única oportunidad fatua
V
Si había de morir, moriría
No cesaría nunca, claro está
Pues ya me había encadenado a la eternidad
De una búsqueda quizá sinfín
Y así el pistolero empezó otro viaje
Hacia donde la pérfida voz me llevó, con su dedo engañoso
 
VI
Llegué a un bosque viejo y grisáceo,
Había vida, o eso ofrecía
Descubrí eran estafas, una mentira
Cuando fábulas del Infierno se asomaron
No rieron o saludaron
Sólo mi carne perseguían
VII
Hubo plomo esa noche
También en la madrugada
Incesantes marchaban
Por su sedienta búsqueda
Más férreo que mi cañón jamás sería
No tenían más sed de la que yo tenía
VIII
Luego fueron tierras largas y planas
Yermas y baldías
Recordé aquel amargo día
Cuando un frío rozó mi mejilla (ante su cadáver)
Aún no sé si una brisa o su mano (el de mi padre)
Malditos tragos del pasado
IX
Aún recuerdo su mirada
Tan vacía como el cielo de por entonces
No había brillo ni oscuridad
Sólo una máscara de porcelana
Inexpresiva e incambiable
Oh, qué ignota su presencia
X
La del hombre que visita
Y que también despoja vida
¿Las guarda o las condena?
Pero me empalagó con su boca
Y su dulce dirección
¿Habría yo de llegar?
XI
Escalé una montaña
Un dormido titán
Blanca como en los relatos de aquella
Aun entonces dudaba que fuera
Ninguna sería como Dunn
Pero, ¡cuánto sufrí en aquel lugar!
XII
Gélido abrazo de los inviernos
Temblaba y me enrojecía
Ahí creí que moriría
Cuando el negro engulló el blanco
Todo se volvió para mí un abismo
Caí en él
XIII
Vi un zafiro resplandor
Cuando mis ojos se abrieron
Y la nieve seguía viendo
Firmamento una vez más
¿Qué fue tan cerúlea presencia?
Ardí una vez más
XIV
Llama que no se apaga
Lumbre en mi interior
Salí tras no sé cuántos días
Vencí al titán
Como en los viejos mitos
Y corrí yo otra vez
XV
Mas aún me aguardaba un destino
Uno antes que todo
La tierra seguía siendo fría
Pero jamás lo volvería a sentir de nuevo (estaba conmigo)
Así que llegué a donde se me indicó
Y hasta el último segundo pensé que era una mentira
XVI
La vi, tan alta aquella colina
Y supe debía coronarla
Me acerqué como pude
Los días pasaban
Quizá no fueron tantos
El tiempo se hubo paralizado
XVII
Pisé su inhóspita cresta
Y desde allí arriba la vi
Para mi lógica, se separaba de mi por muchos kilómetros
Para mi corazón, al alcance de mi mano
Fue dibujada para mi tan solamente
El Paso, del resto nada más
XVIII
Emprendí camino a sus brazos
Dubitativo por alguna razón
Cuando el hombre se acerca al final
Sus realidades se estremecen
Pues nuestra alma no comprende
La realización de sus deseos
XIX
Fue cuando me acerqué a sus puertas
¡Casi tenían escrito mi nombre!
Y un silbido canturreo
Rasgando mi mejilla (la misma)
Escuché pero sentí primero
Aquel disparo que horadó
XX
Mi mano cobró vida, empero
Y con grácil movimiento
Disparé yo también sin sentimientos
Y un aullido fue lo último que oí
Antes de ver desaparecer su presencia
Jamás me visitaría de nuevo
XXI
Intentó matarme el desgraciado
Mas todo había acabado
El tiempo así reanudó su curso
Y yo inicié el mío por primera vez
«Hallaréis El Paso», corearon las mil voces
Y yo respondí sosegado
Que ya lo había hallado
XXII
Creí escuchar un sollozo
O eran los rumores del céfiro
¡Qué podía saber yo en ese momento!
Me adentré en su oscuridad iluminada
Por espectros y fantasmas
Y uno de ellos me habló, diciendo…
En pos de El Paso FIRMA

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